Las declaraciones de la activista Jurema Batista y de los músicos Spirito Santo y Samuka, del grupo Vissungo, abordan el racismo estructural y el papel de la música afrobrasileña como instrumento de resistencia.
La activista analiza la persistencia del trabajo informal y precario que, históricamente, ha afectado a la población negra. Por su parte, los músicos relatan los retos a los que se enfrenta la música afrobrasileña para hacerse un hueco en el mercado artístico.